Temas » Ciencia de la nutrición » ¿Se ven afectados los resultados de investigaciones por la financiación de las industrias?
Centro de Estudios en Nutrición del Dr. T. Colin Campbell

Evaluar y debatir información sobre la salud puede ser difícil. Imagina a un amigo que te dice que es importante consumir varias raciones de pescado a la semana, y que tu estilo de vida basado en plantas te pone en riesgo de no obtener todos los nutrientes que necesitas para estar bien y prosperar. ¿Cómo responderías?

En un escenario ideal, estarías preparado para hablar con elocuencia sobre las pruebas científicas y sopesar las ventajas y desventajas del consumo de pescado antes de describir una decisión justa y bien fundada. Tendrías presente las consideraciones más esenciales y pertinentes. Puede que no convenzas a tu amigo, pero al menos podrás estar tranquilo porque pasaste por el debido proceso para comprender esta decisión que puede afectar la salud.

¿Y qué hay del escenario más común y menos ideal en el que no estás seguro de cómo responder? Supongamos que quieres poner remedio a esta ignorancia: ¿qué pasos vas a dar? Si eres como la mayoría de la gente, podrías empezar con una búsqueda básica en Google, que rápidamente te dará más resultados sobre el tema de los que razonablemente podrías leer. Los primeros resultados procederán de medios con una fuerte presencia en la internet, como por ejemplo el New York Times o The Guardian. Pero también, quizás, sitios menos conocidos o reputados, además de páginas que se anuncian más explícitamente como recursos de salud basados en la evidencia, como Healthline. Aquí podría terminar tu búsqueda. Lo que estos recursos tienen que decir sobre las últimas investigaciones relacionadas con el consumo de pescado es, para muchos, suficiente.

¿Qué pasa entonces con los más escépticos? Es decir, los que desconfían del cambiante panorama de los medios de comunicación, los que entienden los cambios que se han producido en la forma en que la gente consume noticias y en cómo las organizaciones de noticias las producen y distribuyen. Con el declive en ventas de la prensa escrita, la reducción de personal de redacción y la transmisión instantánea de información por internet, muchos han observado la rápida erosión de los ideales del periodismo.[1] En este vacío que queda, la tendencia al sensacionalismo y la presión por exagerar los hallazgos contribuyen a un mayor índice de negligencia e inexactitud.

Los periodistas tienen poco tiempo, carecen de formación científica y se ven obligados a generar titulares que consigan el mayor número posible de clics. “Incluso si los periodistas tuvieran tiempo para leer los artículos de las revistas científicas”, cosa que probablemente no hacen, “la mayoría de esos artículos requieren suscripciones para accederlos”.[1] Los investigadores también han notado este deterioro de la calidad y describen cómo “el deseo de crear historias de interés periodístico sobre la ciencia [ha] llevado a una situación perversa en la que la investigación de menor calidad puede obtener más cobertura periodística que la investigación sólida”.[1]

El siguiente paso lógico para un lector escéptico es, supuestamente, saltarse los informes intermediarios y buscar la investigación original, pero esto también presenta muchos retos. Aun si el acceso a los artículos completos no fuera un problema, ¿cómo pueden las personas no instruidas en estos temas entender la avalancha de investigaciones publicadas? ¿Cómo se puede entender a cabalidad algún tema particular de salud o nutrición cuando parece que casi todos los artículos publicados en una revista científica han sido financiados por la industria?

Todas las dificultades descritas hasta ahora podrían ser objeto de una larga discusión pero nos centraremos en la función del dinero en el campo de la ciencia. Es cierto que muchos somos conscientes de cómo las industrias influyen en este campo, y probablemente intuimos que las fuentes de financiación pueden influir en la investigación, pero ¿nos damos cuenta de lo importante y omnipresente que es esta influencia? En el resto de este artículo analizaremos cinco de las mayores preocupaciones relacionadas con la investigación financiada por la industria.

research funding

1. La financiación compra resultados.

Probablemente no te sorprenda. Aunque los investigadores defenderán invariablemente su integridad e insistirán en la objetividad del método científico, los análisis han demostrado que la fuente de financiación parece afectar los resultados de los estudios.

Uno de estos análisis, publicado en 2007, incluía más de doscientos artículos que se publicaron entre principios de 1999 y finales de 2003.[2] Los investigadores analizaron múltiples tipos de estudio —estudios de intervención, estudios observacionales y revisiones— en artículos relacionados con bebidas comunes (leche, zumos y refrescos). Determinaron que “el principal hallazgo del estudio es que los artículos científicos sobre bebidas de consumo habitual financiados en su totalidad por la industria tenían aproximadamente entre cuatro y ocho veces más probabilidades de favorecer los intereses financieros de los patrocinadores en comparación con los artículos sin financiación relacionada con la industria [énfasis añadido]”.

Este sesgo puede manifestarse de numerosas maneras. Los investigadores que hacen una revisión pueden incluir selectivamente solo las investigaciones favorables (es decir, seleccionar); pueden no publicar los resultados cuando las conclusiones no favorecen al financiador (se abundará sobre esto más adelante); o, como ocurre a menudo, pueden diseñar el estudio de tal manera que produzca resultados engañosos.[2] Para leer ejemplos concretos, recomiendo consultar el blog Food Politics de Marion Nestle, en el que publica regularmente artículos sobre la investigación financiada por la industria.

2. Falta transparencia.

En ocasiones, los lectores críticos pueden analizar los fallos metodológicos de los estudios financiados por la industria. Sin embargo, el truco, a falta de un mejor término, no siempre es evidente. A veces, para reconocer el sesgo se requiere un mayor dominio de las estadísticas y una comprensión del diseño del estudio, algo que muchos lectores no tienen. Además, incluso para los entendidos en estadística, los estudios financiados por la industria a menudo no facilitan el acceso a sus datos.

Una evaluación de metainvestigación de seiscientos de los ensayos clínicos más citados de 2019 a 2022 encontró que los ensayos financiados por la industria a menudo informaron tener planes de compartir los datos y facilitar el análisis estadístico, pero los datos en sí rara vez estuvieron disponibles.[3]

Cabe mencionar que el estudio también halló que más del 90 % de los ensayos financiados exclusivamente por la industria incluían al menos a un autor afiliado a la industria. Sin embargo, solo en un pequeño porcentaje de esos casos los autores afiliados a la industria figuraban como primer autor o autor de correspondencia. Puede que los autores afiliados a la industria en muchos de esos ensayos no fueran el investigador principal o no estuvieran en una posición adecuada para figurar como autores de correspondencia, pero, al figurar en lugares menos prominentes, sus afiliaciones a la industria podrían ser más fáciles de pasar por alto.

Según los autores, “el protagonismo de la financiación de la industria en ensayos influyentes no es sorprendente”.[3] Lo que es más alarmante, y quizá más sorprendente para la mayoría de la gente, es el alto grado en que la industria está representada en la autoría o en funciones de análisis. Y eso solo en el caso de los autores incluidos en la lista. Es posible que otros autores fantasma también contribuyan. De acuerdo con un estudio, la prevalencia de la autoría fantasma puede oscilar entre un 0.9 % y un 75 %.[4] Lo extremo de este rango es en sí mismo un indicio de la problemática falta de transparencia en las investigaciones y publicaciones científicas.

3. El problema trasciende las industrias.

La relación entre la industria y la investigación farmacéutica está bien establecida. En 2023, los miembros del grupo comercial Pharmaceutical Research and Manufacturers of America gastaron noventa y seis mil millones de dólares en investigación y desarrollo.[5]

Como se mencionó anteriormente, la financiación también influye en la investigación sobre diversas bebidas, incluidos los lácteos y las gaseosas.[2] Un artículo de 2019 cuestiona el “discurso radicalizado” que “considera la investigación financiada por la industria como intrínsecamente sesgada”.[6] Si bien admite que la investigación financiada por la industria farmacéutica puede merecer escrutinio, luego indica que la investigación financiada por la industria láctea no necesariamente merezca la misma suspicacia. ¿Mencioné que esto se publicó en la revista International Dairy Journal con financiamiento del Fondo de Investigación de la Junta de Productos Lácteos de Israel? No encontraron “diferencias significativas entre los estudios de investigación financiados por la industria y los estudios neutrales, no financiados por la industria”. Recordemos los resultados contradictorios descritos anteriormente: las investigaciones financiadas por la industria tenían entre cuatro y ocho veces más probabilidades de llegar a conclusiones favorables. [2]

Vemos que el mismo patrón se repite en todas las industrias, ya sean corporaciones de ingeniería genética, tabaco, bebidas azucaradas o grupos comerciales como la Asociación Nacional de Ganaderos de Carne de Res. Las grandes empresas no financian la investigación para fomentar el conocimiento colectivo. Lo hacen porque es rentable. Es una forma de inversión, como el dinero gastado en marketing o relaciones públicas.

research funding

4. Los resultados desfavorables no se publican.

Quizás te preguntes qué ocurre cuando un estudio financiado por la industria llega a una conclusión que no favorece al financiador. La respuesta puede sorprenderte. En el estudio de 2007 citado anteriormente, “ninguno de los estudios de intervención con todo el apoyo de la industria tuvo una conclusión desfavorable”.[2] Esto sugiere una de tres alternativas: (1) legítimamente no se encuentran conclusiones desfavorables, (2) el diseño de la investigación se ha visto comprometido a la perfección, en lo que respecta a los financiadores, o (3) se bloquea la publicación de hallazgos negativos inesperados.

Antes he mencionado el blog Food Politics de Marion Nestle. En una publicación reciente, Nestle resumió los resultados de una revisión sistemática de los ensayos clínicos sobre la carne roja no procesada y la enfermedad cardiovascular. [7][8] Una conclusión clave de este estudio fue que “todos los estudios con vínculos de financiación de la industria cárnica informaron resultados favorables (20.7 %) o neutrales (79.3 %) [énfasis añadido]”. Mientras tanto, en una dirección casi opuesta, “todos los estudios con financiación independiente informaron resultados desfavorables (73.3 %) o neutrales (26.7 %)”. (En el caso de la carne roja y la enfermedad cardiovascular, un resultado neutral podría calificarse como favorable para la industria, ya que contribuye a la confusión del público y a la idea de que no existe un consenso científico).

La revista de la Academia Estadounidense de Pediatría publicó un estudio en 2016 que analizaba los estudios interrumpidos o no publicados entre 2008 y 2010.[9] Se descubrió que los estudios financiados por la industria tenían menos probabilidades de interrumpirse; esto puede deberse a que los estudios no financiados por la industria tuvieron más dificultades para conseguir suficientes sujetos (“el reclutamiento de pacientes” fue la causa principal de interrupción de los ensayos clínicos aleatorizados). Sin embargo, casi un tercio de los ensayos finalizados no llegaron a publicarse. Los ensayos financiados por la industria tenían más del doble y el triple de probabilidades de no publicarse a los dos o tres años del ensayo, respectivamente. El hecho de que estos estudios no se publiquen podría poner en peligro a los pacientes, sobre todo si los resultados incluían posibles efectos secundarios adversos.[10]

La ciencia, por tanto, no es lo mismo que la literatura científica. Si lo fuera, el consejo que oímos tan a menudo, de “seguir la ciencia”, sería mucho más fácil: los artículos publicados serían más accesibles, podríamos evaluar el equilibrio entre hallazgos positivos y negativos, y los conflictos de intereses se revelarían de forma transparente.

5. Puede empeorar.

Una forma de reducir la influencia de la industria es ofrecer suficientes oportunidades de financiación a los científicos para que no sientan ninguna presión, consciente o no, de llegar a una conclusión determinada.

Parece que nos movemos exactamente en la dirección contraria: hacia una mayor financiación de la industria y un menor apoyo gubernamental a la investigación. El porcentaje de apoyo del gobierno federal a investigaciones básicas ha disminuido constantemente durante décadas, de alrededor de un 70 % en 1980 a aproximadamente un 40 % a principios de esta década.[11] La industria es la principal responsable por la diferencia. No es de extrañar que las empresas representan una parte aún mayor de la financiación total de la investigación aplicada: casi dos tercios de la financiación total en 2022.[12] Las cifras más recientes indican que esta tendencia no hace más que acelerarse. En menos de un año, la financiación de los Institutos Nacionales de Salud para investigación biomédica ha disminuido en un 20 %.[13]

Esto no quiere decir que las estructuras de financiación pública no puedan o no deban mejorarse. Del mismo modo, la investigación financiada por el gobierno no está exenta de críticas simplemente por su fuente de financiación. Los investigadores que reciben subvenciones de los Institutos Nacionales de Salud pueden, sin duda, ser susceptibles a otras formas de sesgo, e incluso si no lo son, eso no garantiza que sus hallazgos sean valiosos o que merezcan la pena los costos asociados. Sin embargo, si el objetivo es, en última instancia, avanzar hacia una ciencia menos expuesta a los conflictos de intereses financieros, nos estamos equivocando.

Puedes empoderarte

Aunque las empresas farmacéuticas pueden derrochar mucho más dinero que los cultivadores de aguacates Hass, cualquiera que pueda participar seguramente lo hará porque este es el sistema que permitimos y recompensamos.

Si eso te parece terriblemente desmoralizador, considera lo siguiente: todos tenemos el poder de hacernos responsables y desarrollar las habilidades para evaluar mejor la información sobre la salud y analizar las investigaciones. El pensamiento crítico se puede aprender, y si insistimos en ese aprendizaje, nadie —ni Novo Nordisk, ni PepsiCo, ni la Asociación Nacional de Confitería, ni tu amigo que te recomienda pescado, ni nadie más— nos engañará fácilmente.

Referencias

  1. Dempster G, Sutherland G, and Keogh L. Scientific research in news media: a case study of misrepresentation, sensationalism and harmful recommendations Jour. of Sci. Comm. 2022; 21(01), A06. doi:10.22323/2.21010206
  2. Lesser LI, Ebbeling CB, Goozner M, Wypij D, Ludwig DS. Relationship between funding source and conclusion among nutrition-related scientific articles. PLoS Med. 2007;4(1):e5. doi:10.1371/journal.pmed.0040005
  3. Siena LM, Papamanolis L, Siebert MJ, Bellomo RK, Ioannidis JPA. Industry Involvement and Transparency in the Most Cited Clinical Trials, 2019-2022. JAMA Netw Open. 2023;6(11):e2343425. doi:10.1001/jamanetworkopen.2023.43425
  4. Yadav S, Rawal G. Ghostwriters in the scientific world. Pan Afr Med J. 2018;30:217. Published 2018 Jul 18. doi:10.11604/pamj.2018.30.217.16312
  5. Mikulic M. Spending of U.S. pharmaceutical industry for research and development as a percentage of total revenues from 1990 to 2023. Statista.com. September 2, 2024.
  6. Mishali M, Kisner M, Avrech T. Funding sources and outcomes of dairy consumption research – A meta-analysis of cohort studies: The case of type-2 diabetes and cardiovascular diseases. Int Dairy J. 2019;95:65–70. doi:10.1016/j.dairyj.2019.02.019
  7. Nestle M. Industry-funding analysis of the week: the meat funding effect. Food Politics. May 26, 2025. https://www.foodpolitics.com/2025/05/industry-funding-analysis-of-the-week-the-meat-funding-effect/
  8. López-Moreno M, Fresán U, Marchena-Giráldez C, Bertotti G, Roldán-Ruiz A. Industry study sponsorship and conflicts of interest on the effect of unprocessed red meat on cardiovascular disease risk: a systematic review of clinical trials. Am Journ of Clin Nut. 2025;121(6):1246–1257. doi:10.1016/j.ajcnut.2025.02.030
  9. Pica N, Bourgeois F. Discontinuation and Nonpublication of Randomized Clinical Trials Conducted in Children. Pediatrics. 2016;138(3):e20160223. doi:10.1542/peds.2016-0223
  10. Oransky I, Marcus A. Many clinical trials’ findings never get published. Here’s why that’s bad. STAT. August 19, 2016. https://www.statnews.com/2016/08/19/clinical-trials-unpublished-studies/1
  11. Pece CV, Anderson GW; National Center for Science and Engineering Statistics (NCSES). 2024. Analysis of Federal Funding for Research and Development in 2022: Basic Research. NSF 24-332. Alexandria, VA: U.S. National Science Foundation. Available at https://ncses.nsf.gov/pubs/nsf24332.
  12. Bickell EG, Blevins EG, DeSantis MK, et al. Federal research and development (R&D) funding: FY2025 [CRS Report]. Congress.gov. December 9, 2024.
  13. Hwang I, Huang J, Anthes E, Migliozzi B, Mueller B. The disappearing funds for global health. New York Times. June 4, 2025. https://www.nytimes.com/interactive/2025/06/04/health/trump-cuts-nih-grants-research.html

Copyright 2026 Centro de Estudios en Nutrición. Todos los derechos reservados.

Profundiza tu conocimiento con nuestro

Certificado de Nutrición


Basada en Plantas

Certificado de Nutrición Basada en Plantas

  • 100% en línea, aprende a tu ritmo
  • Formato dirigido por instructores
  • Sin requisitos previos
  • Créditos de educación continua